<p>A menudo se habla de carbohidratos y azúcares, pero rara vez se tiene en cuenta <strong>cuánto influye el agua en la glucemia</strong>. Sin embargo, la hidratación es una de las acciones más sencillas y eficaces para mantener estables los niveles de glucosa en sangre. La cantidad de agua que se consume y los momentos del día en que se bebe influyen directamente en la respuesta insulínica y en la eficiencia del metabolismo. Comprender esta relación es fundamental para prevenir trastornos metabólicos, controlar el peso y garantizar una energía constante. El agua, por tanto, no es sólo una necesidad fisiológica, sino una verdadera herramienta de equilibrio y salud.</p>
Beber agua de la manera y en los momentos adecuados puede contribuir a mantener estable la glucemia y a mejorar el bienestar general. He aquí por qué hidratarse es un aliado fundamental en el control del nivel de azúcar en sangre y cómo evitar los errores más comunes
A menudo se habla de carbohidratos y azúcares, pero rara vez se tiene en cuenta cuánto influye el agua en la glucemia. Sin embargo, la hidratación es una de las acciones más sencillas y eficaces para mantener estables los niveles de glucosa en sangre. La cantidad de agua que se consume y los momentos del día en que se bebe influyen directamente en la respuesta insulínica y en la eficiencia del metabolismo. Comprender esta relación es fundamental para prevenir trastornos metabólicos, controlar el peso y garantizar una energía constante. El agua, por tanto, no es sólo una necesidad fisiológica, sino una verdadera herramienta de equilibrio y salud.
El agua está en el centro de todas las funciones vitales del organismo. «En el ser humano no existe nada que no dependa directamente del agua; mantener un adecuado equilibrio hídrico es fundamental para conservar un buen estado de salud», afirma el profesor Giuseppe Fatati, presidente del Italian Obesity Network y ex jefe de Diabetología, además de director científico del Observatorio Nestlé. «Cuando el cuerpo está deshidratado, aumenta la producción de vasopresina, una hormona que interfiere en la gestión de los azúcares y reduce la sensibilidad a la insulina». Mantenerse bien hidratado, en cambio, mejora la circulación y favorece un correcto transporte de los nutrientes, manteniendo estable la glucemia y apoyando el metabolismo.
El experto subraya que «el agua actúa como disolvente para la mayoría de los nutrientes, incluida la glucosa, y desempeña un papel esencial en su absorción, transporte y utilización, así como en la eliminación de los desechos metabólicos». Fatati precisa, además, que «según algunos estudios, beber agua de forma correcta reduce la glucemia, ayudando a mantener bajo control el nivel de azúcar en sangre». ¿Y en condiciones de hiperglucemia? «El estado de hiperglucemia (altos niveles de glucosa en sangre) provoca poliuria como consecuencia de la diuresis osmótica (se orina más y se pierde más agua), lo que puede conducir a la deshidratación y empeorar la hiperglucemia». En estos casos, «beber mucha agua permite contrarrestar las consecuencias de la deshidratación», aconseja Fatati.
Muchos creen que beber agua antes de las comidas puede ayudar a controlar el hambre. El profesor Fatati se muestra prudente: «No estoy seguro de que un vaso de agua pueda controlar un apetito considerable». No obstante, admite que «a veces la sensación de sed se confunde con el hambre, por lo que beber es una forma sencilla de comprobar si realmente se tiene hambre».
Sobre el mejor momento para beber agua, el experto aclara que «lo importante es hidratarse correctamente y no es cierto que el agua deba beberse sólo fuera de las comidas». De hecho, especifica que «las Guías alimentarias italianas para una alimentación saludable (CREA) incluyen este consejo entre las falsas creencias». En cuanto a la cantidad de agua que se debe consumir a lo largo del día, la recomendación del experto es simple y universal: «Conviene atender siempre a la sensación de sed e incluso adelantarse a ella, bebiendo suficiente, de media entre 1,5 y 2 litros de agua al día (al menos 6-8 vasos), también entre las comidas».
No todas las bebidas son iguales cuando se trata de hidratación. El experto recuerda que «el equilibrio hídrico debe mantenerse bebiendo esencialmente agua, tanto del grifo como embotellada, ambas seguras y controladas». Sin embargo, hay que tener cuidado con las alternativas: «Atención a las bebidas distintas (como refrescos de naranja, bebidas tipo cola, zumos de fruta, café, té) que, además de aportar agua, contienen otras sustancias que aportan calorías (por ejemplo, azúcares) o que son farmacológicamente activas (como la cafeína)». Por ello, concluye el profesor Fatati, «estas bebidas deben consumirse con moderación».
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