<p>Ya son 10 las personas que han conseguido ‘librarse’ del VIH tras someterse a un particular trasplante de células madre. El llamado <strong>’paciente Oslo'</strong>, cuyos detalles publica este lunes la revista <a href=»https://www.nature.com/articles/s41564-026-02304-8″ target=»_blank»><i>Nature Microbiology</i></a>, es el último caso en unirse a esta nómina que demuestra que el VIH se puede curar.</p>
Cuatro años después de la intervención, el paciente, que recibió el trasplante de su hermano, sigue sin rastro del virus en su organismo
Ya son 10 las personas que han conseguido ‘librarse’ del VIH tras someterse a un particular trasplante de células madre. El llamado ‘paciente Oslo’, cuyos detalles publica este lunes la revista Nature Microbiology, es el último caso en unirse a esta nómina que demuestra que el VIH se puede curar.
El paciente, de 63 años, llevaba más de 15 años viviendo con el VIH cuando, en 2020, le diagnosticaron una enfermedad de la sangre -un síndrome mielodisplásico- que le hacía candidato a un trasplante de células madre, lo que coloquialmente se conoce como trasplante de médula.
Conocedores de la experiencia previa existente, los médicos e investigadores del Hospital Universitario de Oslo (Noruega) que le atendieron empezaron a buscar entre los posibles donantes compatibles un caso que presentara una característica muy particular: dos copias de una mutación poco frecuente, -denominada CCR5Delta 32 y localizada en el gen CCR5-, que confiere una especie de ‘escudo’ frente al virus.
Para su sorpresa, el donante estaba más cerca de lo que esperaban, ya que el propio hermano del paciente tenía el perfil que buscaban. El trasplante se llevó a cabo con éxito y dos años después de la intervención, los investigadores decidieron suspender el tratamiento con fármacos antirretrovirales, que en personas con VIH habitualmente permiten mantener el virus a raya.
Para comprobar la efectividad del abordaje, unos meses más tarde, los investigadores realizaron distintas pruebas al paciente. Todas ellas demostraron que no quedaba rastro del VIH en su organismo. Ni había virus con capacidad de replicación en sangre ni tampoco en el tracto digestivo, uno de los principales reservorios del patógeno. La respuesta inmunitaria frente al virus también fue disminuyendo paulatinamente.
Cuatro años después de haber dejado la medicación sin la que la mayoría de pacientes no pueden evitar que el virus reaparezca, el paciente continúa sin rastro detectable del virus, señalan en la revista científica.
«Hitos como este nos hacen avanzar hacia estrategias que permitan alcanzar una curación del VIH aplicable a todos los afectados», señala Javier Martínez-Picado, investigador ICREA en IrsiCaixa y coordinador de IciStem 2.0, el consorcio internacional dedicado al estudio de la curación del VIH mediante trasplantes de células madre, que también ha participado en el caso del ‘paciente Oslo’.
Los trasplantes de células madre son abordajes muy complejos y que acarrean elevados riesgos, por lo que su generalización como terapia para curar el VIH no se plantea. Pero su empleo en pacientes seropositivos que eran candidatos a la terapia por tener un cáncer hematológico -como este- sí permite extraer muchas lecciones para entender cómo hacer frente al virus y tratar de emular los efectos del abordaje de una forma menos invasiva.
«Una de las líneas que ya está en marcha es la de diseñar células CAR-T, que ya se emplean en el ámbito del cáncer, para que sean las células inmunitarias del propio paciente las que reconozcan y destruyan las células diana del VIH», explica Martínez-Picado. Esta estrategia permitiría ‘resetear’ el sistema y limpiar todos los linfocitos CD4 infectados de forma que el organismo pudiera repoblarse solo con células sanas. Esta estrategia, que lidera María Salgado, también firmante del trabajo, se está probando ya en ratones, señala el investigador.
Pero, además, explica, también se está explorando la utilización de terapias génicas que permitan modificar el gen CCR5 de forma que pueda introducirse la mutación CCR5Delta32 que actúa como un escudo frente al virus ya que bloquea su entrada en las células.
El ‘paciente Oslo’ -que es el octavo caso publicado en la literatura científica a los que se suman otros dos presentados en congresos internacionales- presenta algunas características que le diferencian de otros pacientes, señala Martínez-Picado.
La primera de ellas es su edad, más avanzada que otros pacientes tratados y que aumentaba el riesgo de la intervención.
Además, es la primera vez que el abordaje se realiza por un síndrome mielodisplásico. Según explica Martínez-Picado, hasta ahora el tratamiento sobre todo se había aplicado en casos de leucemia y algún linfoma, por lo que este caso aporta nuevos datos sobre la versatilidad de la intervención.
Por otro lado, es la primera vez que el donante empleado era familiar directo del receptor. Según explica Martínez-Picado, esta mutación que confiere un escudo frente al virus no es frecuente -tiene una prevalencia de aproximadamente el 1% en Europa-. Sin embargo, su distribución es variable y es mucho más frecuente en el norte de Europa -con una prevalencia del 2,5%- que en países como en España, donde se sitúa en un 0,5%. Por lo tanto, aunque dar con un donante compatible que también tenga la mutación se parece a encontrar una aguja en un pajar, en el caso de países como Noruega o Suecia, conseguirlo es un poco más fácil.
Por último, en el caso del ‘paciente Oslo’, los investigadores pudieron comprobar, mediante biopsias de tejido gastrointestinal, que no quedaban rastros del virus en sus reservorios principales.
Desde su puesta en marcha, el consorcio IciStem ha llevado a cabo un seguimiento a 40 personas con VIH sometidas a un trasplante de células madre, cuatro de las cuales han interrumpido el tratamiento y mantienen el virus indetectable.
A esos cuatro casos hay que sumarles otros seis descritos fuera del consorcio, lo que suponen los 10 casos de remisión del VIH que se conocen.
No serán los últimos. Hay varios casos en seguimiento cuya evolución todavía está por confirmar pero que dan muestras de eliminación del virus.
Lamentablemente, la viabilidad de la investigación corre peligro por falta de financiación. «La financiación, desde el año 2014 se ha dado prácticamente en exclusiva por Estados Unidos, pero hace unos meses la administración Trump nos dejó sin fondos«, explica Martínez-Picado.
Desde entonces, el proyecto se encuentra en «una situación muy difícil» que pese a las peticiones realizadas tanto a organismos europeos como estatales o autonómicos no ha recibido respuesta.
Si no se revierte la situación, está a riesgo de perderse la posición de liderazgo que se había alcanzado con la investigación, lamenta.
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