En los botiquines españoles se acumulan los restos de los antibióticos que una vez se recetaron. Un tratamiento «casi estándar» de siete días con tres tomas al día (cada ocho) requiere 21 comprimidos y las cajas vienen con 30. ¿Los llevamos al punto Sigre de las farmacias? No y eso aumenta los residuos y el riesgo de la automedicación. Solo un 57% de los medicamentos que se recogen son restos de tratamientos.
La Agencia Española del Medicamento ajusta los formatos de antibióticos para alinearlos con las pautas clínicas habituales y evitar su uso inapropiado
En los botiquines españoles se acumulan los restos de los antibióticos que una vez se recetaron. Un tratamiento «casi estándar» de siete días con tres tomas al día (cada ocho) requiere 21 comprimidos y las cajas vienen con 30. ¿Los llevamos al punto Sigre de las farmacias? No y eso aumenta los residuos y el riesgo de la automedicación. Solo un 57% de los medicamentos que se recogen son restos de tratamientos.
Desde la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), en el marco del Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN), ha impulsado distintas medidas para promover un uso más adecuado y responsable de los antibióticos. Dentro de estas actuaciones, se eliminan del mercado los formatos de mayor tamaño de algunos antibióticos y se adicionan nuevos formatos de un grupo pequeño con el fin de evitar los excedentes en los hogares y, con ello, reducir la automedicación sin receta, una de las principales causas de la proliferación de bacterias resistentes a los antibióticos.
La resistencia a los antimicrobianos constituye una de las principales amenazas para la salud pública en Europa. Cada año causa alrededor de 35.000 fallecimientos en la Unión Europea y genera costes sanitarios y sociales estimados en 11.700 millones de euros anuales, derivados de estancias hospitalarias más prolongadas y tratamientos más complejos, entre otras cosas.
Además, la disminución de la eficacia de los antibióticos pone en riesgo procedimientos médicos esenciales que dependen de estos medicamentos para prevenir y tratar infecciones. Proteger la eficacia de los antibióticos es, por tanto, fundamental para garantizar una medicina moderna, segura y eficaz.
La gran mayoría de los formatos de los medicamentos autorizados, especialmente aquellos de autorización más reciente, se ajustan a la duración prevista de los tratamientos de acuerdo con la evidencia científica, ya que este aspecto forma parte de la evaluación que hace la Aemps durante el procedimiento de autorización.
Sin embargo, se publican cada vez más estudios científicos que analizan la duración óptima de los tratamientos antimicrobianos y que, de manera consistente, respaldan la reducción de dicha duración. Por ello, se han revisado los formatos de los antibióticos, de modo que el tamaño de los envases se adecúe a la duración de los tratamientos más habituales, en base a la Guía Terapéutica Antimicrobiana del Sistema Nacional de Salud (SNS).
Los antibióticos son medicamentos de vital importancia para tratar infecciones causadas por bacterias. Pero para que sigan siendo eficaces en el futuro, es fundamental usarlos de forma correcta y responsable. Actualmente, algunos antibióticos se venden en envases que contienen más unidades de las que suelen necesitarse en los tratamientos más habituales.
Esto puede provocar excedentes de antibióticos en los hogares, aumentando el riesgo de automedicación y del uso incorrecto de estos medicamentos, aumentando el riesgo de aparición de resistencias y poniendo en peligro la eficacia de los antibióticos.
La adecuación de los formatos de los antibióticos supone una mejora importante tanto para las personas que los utilizan como para la salud pública en general. Al ajustar los envases a la duración real de los tratamientos más habituales, se evita que queden excedentes de antibióticos en los domicilios.
Con ello se contribuye a disminuir el riesgo de automedicación y de tratamientos incompletos o incorrectos, prácticas comunes que favorecen la aparición de bacterias resistentes. De este modo, el cambio de formatos contribuye a proteger la eficacia de los antibióticos, asegurando que sigan funcionando cuando realmente se necesitan.
Además, esta medida contribuye a reducir el impacto de los residuos de estos medicamentos en el medioambiente.
En definitiva, los formatos de envases de antibióticos adaptados a la duración de tratamientos promueven un uso más responsable y seguro de los medicamentos, alineado con las recomendaciones científicas actuales, sin afectar en ningún caso a la calidad ni a la eficacia de la atención sanitaria. Se trata, por tanto, de una actuación preventiva sobre las resistencias a los antibióticos que beneficia tanto a cada paciente como al conjunto de la población.
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