Esta semana ha saltado un nuevo caso de fiebre hemorrágica de Crimea-Congo. Se trata de un hombre de 68 años que fue atendido en el Complejo Asistencial Universitario de Salamanca (CAUSA) con un cuadro clínico compatible con la infección, por lo que fue trasladado el domingo 14 de junio al Hospital Gómez Ulla de Madrid, centro de referencia para estos casos.
Tras notificarse un nuevo caso de fiebre hemorrágica de Crimea-Congo en España, los especialistas avisan de que las infecciones por estos artrópodos son solo la punta del iceberg de un riesgo emergente
Esta semana ha saltado un nuevo caso de fiebre hemorrágica de Crimea-Congo. Se trata de un hombre de 68 años que fue atendido en el Complejo Asistencial Universitario de Salamanca (CAUSA) con un cuadro clínico compatible con la infección, por lo que fue trasladado el domingo 14 de junio al Hospital Gómez Ulla de Madrid, centro de referencia para estos casos.
Ya son 21 las personas afectadas por esta enfermedad (seis de ellas fallecidas) desde 2016, y solo constituyen la punta del iceberg de las enfermedades transmitidas por garrapatas. Este tipo de infecciones ya no se puede considerar un hecho anecdótico, sino una rutina estival.
Se debe que tener en cuenta que la mayoría de las infecciones por el virus de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo cursan de forma asintomática y que este no es el principal patógeno transmitido por garrapatas. El espectro de enfermedades achacables a estos artrópodos ha aumentado considerablemente en los últimos años debido a una mayor observación clínico-epidemiológica y a la mejora en las técnicas diagnósticas.
José Antonio Oteo, jefe del Departamento de Enfermedades Infecciosas del Hospital Universitario San Pedro de Logroño y director del Centro de Rickettsiosis y Enfermedades Transmitidas por Artrópodos Vectores, explica que «solo una de cada cuatro o cinco personas infectadas por el virus de la FHCC desarrolla la enfermedad«. Es más, cuando hay síntomas, suelen traducirse en un síndrome pseudogripal autolimitado y únicamente «un pequeño porcentaje desarrolla el cuadro de fiebre hemorrágica, que tiene una mortalidad en nuestro medio nada despreciable, del 30%».
Globalmente, las rickettsiosis (causadas por bacterias del género Rickettsia) constituyen el principal grupo de enfermedades transmitidas por garrapatas, pero de forma individual la más habitual es, según Oteo, «la borreliosis de Lyme«, que está causada por la bacteria Borrelia burgdorferi y en España afecta sobre todo a la mitad norte del país.
Entre las rickettsiosis, la más clásica es la fiebre botonosa o exantemática mediterránea, pero hay muchísimas más y se siguen describiendo nuevos tipos. Por ejemplo, Oteo menciona la infección causada por Rickettsia sibirica mongolitimonae, que está «emergiendo con fuerza». También es frecuente el Debonel/Tibola y, en menor medida, las rickettsiosis provocadas por Rickettsia massiliae.
Oteo calcula que cada año se producen «cientos de casos» de fiebre botonosa y otros tantos de enfermedad de Lyme.
Las garrapatas son, después de los mosquitos, los principales vectores de enfermedades en todo el mundo. Su amplia expansión en España y, en general, en el conjunto del planeta se explica principalmente por el cambio climático. En palabras de Oteo, el aumento de las temperaturas debido al calentamiento global «hace que todos los artrópodos tengan mayores tasas de reproducción y supervivencia». Asimismo, «hay estudios que muestran que algunas especies de garrapatas, al elevarse un poco la temperatura, se encuentran más activas y buscan más activamente comida».
Otro factor importante es el aumento de la población de diversas especies animales de las que se alimentan las garrapatas transmisoras de enfermedades, como conejos, ciervos, jabalíes o vacas.
También influye en buena medida la gran movilidad de la población humana. «Las personas cada vez nos movemos más y hacemos más actividades al aire libre», señala Oteo, con el consiguiente mayor riesgo de exposición. Asimismo, estos artrópodos ya se encuentran, incluso, dentro de los núcleos urbanos.
«Los médicos siempre hemos pensado que las enfermedades transmitidas por garrapatas se daban en personas que vivían en zonas rurales o iban al monte», señala el experto. «Pero cada vez hay más animales (incluidos conejos) en los parques urbanos. En un trabajo multicéntrico que hemos hecho en toda España, nos hemos encontrado con que en los parques urbanos de las capitales de provincia también hay garrapatas; menos que en el campo, pero haberlas, haylas».
Con el objetivo de prevenir este tipo de patologías y frenar su expansión es necesario adoptar medidas individuales (ropa adecuada al salir al campo, uso de repelentes…) y estrategias de salud pública por parte de las autoridades sanitarias. Entre ellas destaca el Plan Nacional de Prevención, Vigilancia y Control de las Enfermedades Transmitidas por Vectores (Plan de Vectores), que ha sido desarrollado bajo el enfoque One Health y cuya tercera parte está dedicada a las garrapatas.
En el documento, el Ministerio de Sanidad considera de especial interés, entre las enfermedades endémicas transmitidas por garrapatas, la borreliosis de Lyme, «la cual cuenta con manifestaciones clínicas muy variadas y de curso agudo o crónico, según las circunstancias, y presenta un diagnóstico complejo».
Hasta hace unos años se consideraba «una enfermedad endémica regional, por su mayor incidencia en la mitad norte peninsular, por lo que no estaba incluida dentro de las enfermedades de declaración obligatoria». Sin embargo, actualmente, «a pesar de su distribución desigual, se considera que toda la Península y Baleares están en riesgo, por lo que se ha incluido como enfermedad de declaración obligatoria dentro de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica«.
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