La ciudad de Nanyuki, en el centro de Kenia, se ha convertido este lunes en el epicentro de una crisis diplomática y sanitaria. Cientos de jóvenes y residentes locales se han manifestado para exigir la cancelación total de un proyecto que pretende instalar un centro de aislamiento en la Base Aérea de Laikipia. Las instalaciones están destinadas a ciudadanos estadounidenses expuestos al virus del Ébola debido al brote declarado en la República Democrática del Congo (RDC).
La ciudad de Nanyuki, en el centro de Kenia, se ha convertido este lunes en el epicentro de una crisis diplomática y sanitaria. Cientos de jóvenes y residentes locales se han
La ciudad de Nanyuki, en el centro de Kenia, se ha convertido este lunes en el epicentro de una crisis diplomática y sanitaria. Cientos de jóvenes y residentes locales se han manifestado para exigir la cancelación total de un proyecto que pretende instalar un centro de aislamiento en la Base Aérea de Laikipia. Las instalaciones están destinadas a ciudadanos estadounidenses expuestos al virus del Ébola debido al brote declarado en la República Democrática del Congo (RDC).
La protesta, que incluyó marchas hacia las puertas de la base militar con pancartas y banderas kenianas, refleja el temor de una población que considera su sistema de salud demasiado frágil para albergar pacientes extranjeros. El sentimiento de rechazo es profundo: «Esto expondrá a nuestra gente al ébola», advirtieron líderes locales, señalando que muchos residentes trabajan dentro de la base aérea y podrían quedar expuestos al virus.
La indignación ciudadana quedó patente en las declaraciones de los manifestantes recogidas por medios locales: «No queremos el ébola, y quienes lo quieran deberían llevarlo a la State House (sede de la Presidencia de Kenia en Nairobi). Estados Unidos debería acoger a su gente; no nos interesa. Que se los lleven de vuelta al Congo o a Estados Unidos». El conflicto ha llegado a los tribunales.
El Tribunal Superior de Kenia emitió una orden para bloquear temporalmente la instalación del centro tras las demandas presentadas por la Sociedad de Abogados de Kenia (LSK) y el Instituto Katiba. Estas organizaciones denuncian que la infraestructura del país es «insuficiente» para gestionar de forma segura los riesgos de contención asociados a la enfermedad. A pesar del fallo judicial, el Gobierno de Kenia parece decidido a colaborar con Washington.
El ministro de Salud, Aden Duale, defendió el proyecto asegurando que el centro de cuarentena era para «todos» y no exclusivamente para estadounidenses, enmarcando la iniciativa dentro de las obligaciones internacionales de asistencia. Por su parte, el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, confirmó en un comunicado que su gobierno aportará 13,5 millones de dólares para los esfuerzos de preparación de Kenia frente al virus. Desde el ámbito legal, el Colegio de Abogados de Kenia ha propuesto que estos centros se ubiquen cerca de los epicentros del brote.
Su presidente, Charles Kanjama, fue tajante: «Tenemos una deuda de solidaridad humana con los pacientes, pero la salud pública exige que las instalaciones se ubiquen cerca de los epicentros del brote». La situación regional agrava la preocupación. Mientras Kenia no ha registrado casos, en la RDC se contabilizan ya «246 muertes sospechosas» y «1.077 casos sospechosos» en lo que es la decimoséptima epidemia de su historia. La propagación del virus, especialmente de la variante Bundibugyo —que no tiene tratamiento ni vacuna aprobados—, ya ha alcanzado a la vecina Uganda, elevando la alerta en todo el este de África.
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