Quizás pasa más desapercibido que otros sentidos, como la vista o el oído, pero el olfato también es una poderosa herramienta que tiene a su servicio y que resulta fundamental para su seguridad, su disfrute y su conexión con el entorno.
Este sentido fundamental sigue siendo un desconocido, pero ahora científicos de la Universidad de Harvard han presentado este ‘atlas olfativo’ sobre cómo se organizan en la nariz los más de 1.000 receptores que permiten oler
Quizás pasa más desapercibido que otros sentidos, como la vista o el oído, pero el olfato también es una poderosa herramienta que tiene a su servicio y que resulta fundamental para su seguridad, su disfrute y su conexión con el entorno.
El olfato le permite monitorizar todo lo que está pasando a su alrededor y le advierte de si hay un peligro, como un fuego cercano. Además, también es el que verdaderamente hace posible que disfrute del sabor de los alimentos.
Es un sentido fundamental y, sin embargo, sigue siendo mucho lo que se desconoce sobre él.
Este martes, científicos de la Universidad de Harvard, han presentado el primer mapa del olfato, un detallado atlas de cómo se organizan en la nariz los más de mil receptores que permiten oler. Realizado en ratones, este compendio que ya existía para otros sentidos, como la vista, nunca antes se había detallado en el caso del olfato. El estudio se ha publicado en la revista Cell.
Uno de los hallazgos que el trabajo ha permitido sacar a la luz es que, al contrario de lo que se creía, las neuronas conectadas a estos receptores presentaban una gran organización espacial. De este modo, comprobaron que formaban franjas horizontales en función de los distintos tipos de receptores.
«Nuestros resultados ponen orden en un sistema que antes pensábamos que carecía de organización, lo que cambia conceptualmente cómo creemos que funciona», ha señalado en un comunicado Sandeep Datta, profesor de Neurobiología del Instituto Blavatnik de la Escuela de Medicina de Harvard y principal firmante del trabajo.
En el mapa ‘dibujado’, los científicos también han podido establecer las conexiones entre los receptores presentes en la nariz y el bulbo olfativo, lo que proporciona una información muy valiosa sobre cómo se transmite la información sensorial desde la nariz hasta el cerebro.
Estos datos son claves para entender el funcionamiento del olfato y, en último extremo, también para poder desarrollar terapias que aborden problemas como la pérdida de olfato, para lo que ahora mismo apenas hay alternativas, aseguran.
En su escrito, los científicos explican por qué elaborar este mapa del olfato ha sido mucho más complejo que los análogos creados para otros sentidos. Los ratones, señala Datta, presentan millones de neuronas relacionadas con el olfato que expresan más de mil tipos diferentes de receptores olfativos. Estas cifras, por el contrario, son mucho menores en el caso de otros sentidos.
Tras estudiar distintos aspectos relacionados con el olfato, como las pérdidas de olfato que ocasionaba el Covid, su equipo decidió intentar construir este mapa que echaba en falta en sus análisis.
Mediante técnicas de secuenciación y transcriptómica espacial de última generación, los investigadores examinaron alrededor de 5,5 millones de neuronas en más de 300 animales.
La siguiente cuestión que quieren abordar es por qué los receptores se ordenan en franjas que siguen un determinado patrón. Además, también están analizando muestras humanas para evaluar hasta qué punto el mapa del olfato es consistente entre especies diferentes.
«El olfato tiene un profundo efecto en la salud humana», subraya Datta. «Sin comprender este mapa, estamos destinados a fallar en el desarrollo de nuevos tratamientos para cuando falla», concluye.
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