“El periódico EL DIARIO, no solo es el periódico más antiguo del país, sino que es el constructor de la identidad nacional y el medio más influyente de la historia del periodismo boliviano”, dijo la asambleísta por el departamento de Potosí, Azucena Fuertes Mamani.
“Para varias generaciones de ciudadanos, entender Bolivia implicó, al menos alguna vez, abrir sus páginas”, destacó.
“Conocí al periódico EL DIARIO desde mi infancia como el defensor de la causa marítima”, recordó la asambleísta potosina, antes de detenerse un segundo en la memoria de sus abuelos.
“Tenían guardado el periódico porque antes las ediciones impresas no se desechaban y se guardaban como archivo, como material de consulta para las labores escolares”, sostuvo, trazando un puente íntimo entre la hemeroteca familiar y la historia pública del matutino que hoy domingo 5 de abril cumple 122 años de vida.
Para Fuertes, ese vínculo doméstico es apenas una puerta de entrada a lo que EL DIARIO significa en la historia del periodismo boliviano.
“Fue el principal testigo de los hechos más notables: políticos, históricos, culturales de Bolivia”, afirmó, resumiendo en una frase más de un siglo de cobertura informativa desde que EL DIARIO, fundado por José Carrasco Torrico, salió por primera vez a las calles de La Paz en 1904.
La asambleísta subrayó un detalle que suele perderse en la era digital: no se trata solo de longevidad, sino de resistencia. “Como dicen muchas veces, comenzar una línea editorial puede ser fácil, pero en el caso de EL DIARIO permanecer en el tiempo es lo más destacado, tomando en cuenta los embates que sufrió nuestro país a nivel democrático y durante los gobiernos militares”, enfatiza.
Cada golpe de Estado, cada cierre de medios, cada intento de censura encontró a este matutino imprimiendo, con mayor o menor margen de maniobra, las tensiones de una sociedad que oscilaba entre el autoritarismo y la búsqueda de libertades.
“Su permanencia en el tiempo es un punto de referencia para comprender la evolución de Bolivia, especialmente en momentos de crisis y transición democrática”, insistió Fuertes.
La historiografía de la prensa ubica a EL DIARIO como una de las claves para leer el siglo XX boliviano, desde las guerras y conflictos limítrofes hasta la reforma agraria, las dictaduras de los años 60 y 70, la apertura democrática de los 80 y las convulsiones políticas del nuevo milenio.
En ese recorrido, un rasgo destaca para la legisladora potosina: la capacidad del periódico para formar generaciones. “Un elemento transversal del periódico es la consolidación de diferentes escuelas de periodistas, la construcción de la opinión pública, y su influencia fue trascendiendo generaciones, manteniendo una presencia constante en el ámbito impreso y ahora también en las plataformas digitales”, apuntó.
Redacciones como la del Decano de la Prensa Nacional funcionaron, durante décadas, como verdaderas “escuelas de oficio”, donde reporteros y editores aprendían el pulso de la calle, el rigor del cierre y las exigencias de una audiencia que buscaba, cada mañana, entender el país.
En un paisaje de medios de comunicación que nacen, se transforman o desaparecen, la continuidad del matutino paceño adquiere una dimensión simbólica. “EL DIARIO es el Decano de la Prensa Nacional y, mientras otros periódicos que se han creado después fueron cerrando. EL DIARIO se ha mantenido sin perder su identidad histórica”, aseveró Fuertes, recuperando una autodefinición que el propio medio reivindica desde hace décadas. Esa identidad, arraigada en una tradición conservadora y liberal propia de sus fundadores, fue adaptándose a cambios tecnológicos y políticos, pero sin renunciar a un sello propio.
“No solo tiene antigüedad y continuidad —remarcó la asambleísta—, sino que tiene una línea editorial definida, un enfoque político marcado, un estilo bastante formal en su redacción”, expresó.
La frase alude a una prosa característica: titulares sobrios, editoriales de tono doctrinal y una sección de opinión donde, a lo largo del tiempo, escribieron políticos, académicos y diplomáticos que midieron allí la temperatura del debate público.
La transición tecnológica no pasó de largo. Fuertes reconoció que el matutino supo dar el salto tecnológico que era necesario. “Ha mostrado que es capaz de adaptarse al ámbito digital cuando las redes sociales y las nuevas tecnologías se han convertido en protagonistas de la información y además, remarca y fortalece la identidad boliviana en temas relacionados con la soberanía del país, la recuperación de una salida libre y soberana a nuestro mar”, señaló.
En efecto, las ediciones en línea, las columnas sobre la demanda marítima en La Haya y los editoriales sobre la “causa marítima” mantuvieron vivo un reclamo histórico que el propio medio se empeñó en convertir en bandera nacional.
En ese punto, la memoria personal de la asambleísta se vuelve colectiva. Aquellos ejemplares guardados por sus abuelos, usados como archivo escolar, no solo eran papel y tinta: eran un registro de cómo un medio acompañó la configuración de la identidad boliviana en torno al mar perdido, a la soberanía sobre los recursos naturales y a la idea de nación.
EL DIARIO, recordó Fuertes, fue durante décadas un espacio donde el “tema marítimo” no era solo coyuntura, sino una causa “invariable”, como el propio periódico ha definido en sus editoriales de manera permanente y desde cuyas páginas, se continúa reclamando insistentemente una “salida libre y soberana al océano Pacífico”.
A 122 años de aquel 5 de abril de 1904, cuando la primera edición tabloide salió con avisos en portada y sin noticias, como recuerdan las crónicas de nuestra casa editorial, EL DIARIO llega a este nuevo aniversario con el peso de una larga biografía y el desafío de seguir siendo relevante en un sistema mediático fragmentado, veloz y saturado de información.
En la mirada de Azucena Fuertes Mamani, sin embargo, persiste la imagen de aquel periódico que sus abuelos no se atrevían a botar, porque allí, entre columnas estrechas y fotografías en blanco y negro, se escribía y se continúa escribiendo todos los días un pedazo de la historia de Bolivia. (Potosí, EL DIARIO)
La entrada EL DIARIO es constructor de la identidad nacional se publicó primero en El Diario – Bolivia.
“El periódico EL DIARIO, no solo es el periódico más antiguo del país, sino que es el constructor de la identidad nacional y el medio más influyente de la historia del periodismo boliviano”, dijo la asambleísta por el departamento de Potosí, Azucena Fuertes Mamani. “Para varias generaciones de ciudadanos, entender Bolivia implicó, al menos alguna
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“El periódico EL DIARIO, no solo es el periódico más antiguo del país, sino que es el constructor de la identidad nacional y el medio más influyente de la historia del periodismo boliviano”, dijo la asambleísta por el departamento de Potosí, Azucena Fuertes Mamani.
“Para varias generaciones de ciudadanos, entender Bolivia implicó, al menos alguna vez, abrir sus páginas”, destacó.
“Conocí al periódico EL DIARIO desde mi infancia como el defensor de la causa marítima”, recordó la asambleísta potosina, antes de detenerse un segundo en la memoria de sus abuelos.
“Tenían guardado el periódico porque antes las ediciones impresas no se desechaban y se guardaban como archivo, como material de consulta para las labores escolares”, sostuvo, trazando un puente íntimo entre la hemeroteca familiar y la historia pública del matutino que hoy domingo 5 de abril cumple 122 años de vida.
Para Fuertes, ese vínculo doméstico es apenas una puerta de entrada a lo que EL DIARIO significa en la historia del periodismo boliviano.
“Fue el principal testigo de los hechos más notables: políticos, históricos, culturales de Bolivia”, afirmó, resumiendo en una frase más de un siglo de cobertura informativa desde que EL DIARIO, fundado por José Carrasco Torrico, salió por primera vez a las calles de La Paz en 1904.
La asambleísta subrayó un detalle que suele perderse en la era digital: no se trata solo de longevidad, sino de resistencia. “Como dicen muchas veces, comenzar una línea editorial puede ser fácil, pero en el caso de EL DIARIO permanecer en el tiempo es lo más destacado, tomando en cuenta los embates que sufrió nuestro país a nivel democrático y durante los gobiernos militares”, enfatiza.
Cada golpe de Estado, cada cierre de medios, cada intento de censura encontró a este matutino imprimiendo, con mayor o menor margen de maniobra, las tensiones de una sociedad que oscilaba entre el autoritarismo y la búsqueda de libertades.
“Su permanencia en el tiempo es un punto de referencia para comprender la evolución de Bolivia, especialmente en momentos de crisis y transición democrática”, insistió Fuertes.
La historiografía de la prensa ubica a EL DIARIO como una de las claves para leer el siglo XX boliviano, desde las guerras y conflictos limítrofes hasta la reforma agraria, las dictaduras de los años 60 y 70, la apertura democrática de los 80 y las convulsiones políticas del nuevo milenio.
En ese recorrido, un rasgo destaca para la legisladora potosina: la capacidad del periódico para formar generaciones. “Un elemento transversal del periódico es la consolidación de diferentes escuelas de periodistas, la construcción de la opinión pública, y su influencia fue trascendiendo generaciones, manteniendo una presencia constante en el ámbito impreso y ahora también en las plataformas digitales”, apuntó.
Redacciones como la del Decano de la Prensa Nacional funcionaron, durante décadas, como verdaderas “escuelas de oficio”, donde reporteros y editores aprendían el pulso de la calle, el rigor del cierre y las exigencias de una audiencia que buscaba, cada mañana, entender el país.
En un paisaje de medios de comunicación que nacen, se transforman o desaparecen, la continuidad del matutino paceño adquiere una dimensión simbólica. “EL DIARIO es el Decano de la Prensa Nacional y, mientras otros periódicos que se han creado después fueron cerrando. EL DIARIO se ha mantenido sin perder su identidad histórica”, aseveró Fuertes, recuperando una autodefinición que el propio medio reivindica desde hace décadas. Esa identidad, arraigada en una tradición conservadora y liberal propia de sus fundadores, fue adaptándose a cambios tecnológicos y políticos, pero sin renunciar a un sello propio.
“No solo tiene antigüedad y continuidad —remarcó la asambleísta—, sino que tiene una línea editorial definida, un enfoque político marcado, un estilo bastante formal en su redacción”, expresó.
La frase alude a una prosa característica: titulares sobrios, editoriales de tono doctrinal y una sección de opinión donde, a lo largo del tiempo, escribieron políticos, académicos y diplomáticos que midieron allí la temperatura del debate público.
La transición tecnológica no pasó de largo. Fuertes reconoció que el matutino supo dar el salto tecnológico que era necesario. “Ha mostrado que es capaz de adaptarse al ámbito digital cuando las redes sociales y las nuevas tecnologías se han convertido en protagonistas de la información y además, remarca y fortalece la identidad boliviana en temas relacionados con la soberanía del país, la recuperación de una salida libre y soberana a nuestro mar”, señaló.
En efecto, las ediciones en línea, las columnas sobre la demanda marítima en La Haya y los editoriales sobre la “causa marítima” mantuvieron vivo un reclamo histórico que el propio medio se empeñó en convertir en bandera nacional.
En ese punto, la memoria personal de la asambleísta se vuelve colectiva. Aquellos ejemplares guardados por sus abuelos, usados como archivo escolar, no solo eran papel y tinta: eran un registro de cómo un medio acompañó la configuración de la identidad boliviana en torno al mar perdido, a la soberanía sobre los recursos naturales y a la idea de nación.
EL DIARIO, recordó Fuertes, fue durante décadas un espacio donde el “tema marítimo” no era solo coyuntura, sino una causa “invariable”, como el propio periódico ha definido en sus editoriales de manera permanente y desde cuyas páginas, se continúa reclamando insistentemente una “salida libre y soberana al océano Pacífico”.
A 122 años de aquel 5 de abril de 1904, cuando la primera edición tabloide salió con avisos en portada y sin noticias, como recuerdan las crónicas de nuestra casa editorial, EL DIARIO llega a este nuevo aniversario con el peso de una larga biografía y el desafío de seguir siendo relevante en un sistema mediático fragmentado, veloz y saturado de información.
En la mirada de Azucena Fuertes Mamani, sin embargo, persiste la imagen de aquel periódico que sus abuelos no se atrevían a botar, porque allí, entre columnas estrechas y fotografías en blanco y negro, se escribía y se continúa escribiendo todos los días un pedazo de la historia de Bolivia. (Potosí, EL DIARIO)
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