La alimentación y los hábitos de una mujer durante el embarazo dejan una huella profunda en el desarrollo de su futuro hijo. Aunque múltiples estudios observacionales habían sugerido que los niveles maternos de vitamina D influyen en el cerebro del bebé, hasta ahora ningún ensayo clínico había demostrado si esta influencia se mantenía a largo plazo, cuando los niños entran en la edad escolar.
Un estudio publicado en JAMA Network Open, basado en un reanálisis de los datos de 498 niños en otro estudio sobre el asma infantil en Dinamarca, demuestra por primera vez el efecto de la suplementación prenatal con vitamina D en la cognición infantil hasta la mediana infancia
La alimentación y los hábitos de una mujer durante el embarazo dejan una huella profunda en el desarrollo de su futuro hijo. Aunque múltiples estudios observacionales habían sugerido que los niveles maternos de vitamina D influyen en el cerebro del bebé, hasta ahora ningún ensayo clínico había demostrado si esta influencia se mantenía a largo plazo, cuando los niños entran en la edad escolar.
Un nuevo y ambicioso estudio liderado por científicos daneses del Copenhagen Prospective Studies on Asthma in Childhood (Copsac) ha dado un paso en este sentido. La investigación, publicada en la revista JAMA Network Open y basada en un reanálisis de otro estudio sobre el asma infantil en Dinamarca, concluye que tomar dosis altas de vitamina D3 (colecalciferol, la forma que produce el cuerpo humano a través de la piel por la exposición solar y la que se obtiene de fuentes animales) a partir de la semana 24 de gestación mejora de forma significativa la memoria visual y la memoria verbal de los niños al alcanzar los 10 años de edad.
La relevancia del hallazgo radica en su diseño metodológico. Los investigadores analizaron a 498 parejas de madres e hijos integradas en una cohorte de seguimiento médico exhaustivo. Durante el embarazo, las mujeres fueron divididas al azar en dos grupos: la mitad recibió la dosis estándar recomendada por las guías de salud pública (400 UI al día) y la otra mitad tomó una dosis alta (2.800 UI al día), desde la semana 24 de gestación y hasta una semana después del parto. Ni las madres ni los médicos sabían qué pastilla tomaba cada una para evitar cualquier tipo de sesgo.
Una década después, cuando esos bebés se convirtieron en niños de 10 años, se les sometió a una batería de test neurocognitivos de alta precisión durante dos jornadas. Los resultados mostraron que los menores expuestos a la dosis alta prenatal de vitamina D3 obtuvieron puntuaciones notablemente mejores en dos áreas clave del aprendizaje: la memoria verbal (capacidad para recordar palabras y conceptos escritos o hablados) y la memoria visual (habilidad para retener imágenes, mapas o detalles del entorno).
«Es el primer ensayo clínico que investiga el efecto de la suplementación prenatal con vitamina D en la cognición infantil hasta la mediana infancia», destacan los autores principales. El estudio también detectó mejoras iniciales en la flexibilidad cognitiva -la capacidad del cerebro para cambiar de una tarea a otra o adaptarse a imprevistos-, aunque este último indicador perdió fuerza estadística tras aplicar los filtros matemáticos más estrictos del análisis.
¿Por qué es tan crucial esta sustancia para la mente en desarrollo? La vitamina D no es un simple nutriente para los huesos; actúa, en realidad, como una neurohormona indispensable para la maduración cerebral. El cerebro fetal cuenta con receptores específicos para captarla. En modelos de laboratorio, se ha comprobado que interviene directamente en procesos como la diferenciación de las neuronas, la síntesis de neurotransmisores y la protección antioxidante del tejido nervioso.
El momento elegido para la suplementación en el ensayo clínico tampoco fue casual. El tratamiento comenzó en la semana 24 de embarazo, coincidiendo con el inicio del tercer trimestre. «La segunda mitad de la gestación es un periodo de maduración cortical extremadamente rápida, lo que vuelve al cerebro del feto especialmente sensible a la disponibilidad de vitamina D«, argumentan los investigadores en el artículo.
Un dato llamativo es que el suplemento benefició de igual manera a los niños con independencia de su sexo y de si sus niveles biológicos de vitamina D en fases posteriores de su infancia eran altos o bajos. Esto sugiere la existencia de una «ventana crítica» o «periodo de programación prenatal», indican los autores, donde el cerebro se beneficia de forma óptima de este estímulo nutricional (vitamina D), independientemente de lo que ocurra después del nacimiento.
Un aspecto que subraya la solidez del hallazgo es cómo los científicos blindaron los resultados frente a sesgos que pudieran distorsionar los datos. Tradicionalmente, el déficit de vitamina D en el embarazo se ha relacionado con un mayor riesgo de sufrir Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), una condición que afecta directamente a la concentración y la memoria. Para evitar que los datos se vieran distorsionados por este factor, el equipo danés realizó un contraanálisis aislando por completo las fichas de los niños diagnosticados con TDAH. Al recalcular las puntuaciones utilizando únicamente los datos de la población infantil sana, comprobaron que el beneficio en la memoria verbal y visual seguía intacto, lo que demuestra que la alta dosis de vitamina D3 prenatal no actúa simplemente como un escudo protector para un subgrupo vulnerable, sino que estimula el potencial de aprendizaje de cualquier niño sano en la población general.
El estudio midió otras funciones como la velocidad de procesamiento, el tiempo de reacción, la atención sostenida o el cociente intelectual general, donde no se observaron diferencias significativas entre ambos grupos. Los científicos puntualizan que la población del estudio (Dinamarca) presentaba de partida unos niveles de vitamina D relativamente buenos, por lo que el beneficio detectado podría ser todavía más drástico en países con mayores tasas de deficiencia nutricional o menor exposición solar.
Dada la seguridad del compuesto, su bajo coste económico y los beneficios que ya se conocen en la mineralización ósea y la salud dental de los niños, los autores sugieren que estos hallazgos neurocognitivos respaldan la necesidad de revisar al alza las dosis rutinarias que los ginecólogos recomiendan a las mujeres durante el seguimiento del embarazo.
Para Lucía Iglesias Vázquez, investigadora y profesora en nutrición y salud pública de la Universitat Rovira i Virgili (URV) y miembro del Centro de Investigación Biomédica en Red de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (Ciberobn), el estudio aporta evidencia interesante porque utiliza un diseño experimental robusto (ensayo clínico aleatorizado) y evalúa el desarrollo cognitivo de los niños a una edad relativamente tardía, los 10 años, «algo poco habitual en este campo«. «El hecho de que las asociaciones aparezcan en dominios concretos de memoria y no en medidas más globales es coherente con la literatura reciente, que sugiere efectos más específicos y sutiles del estado nutricional prenatal sobre el neurodesarrollo».
Pero Iglesias, que también forma parte del Institut de Recerca Biomèdica Catalunya Sud (IRBCatSud), indica que los hallazgos deben interpretarse con cautela. «Se trata de un análisis post hoc, es decir, no era el objetivo principal original del ensayo, y los tamaños del efecto observados son modestos. Además, la mayoría de las participantes presentaban niveles relativamente adecuados de vitamina D al inicio del estudio, por lo que los resultados podrían no extrapolarse a poblaciones con deficiencia más marcada«. Por lo que en conjunto, la especialista cree que el trabajo refuerza la hipótesis de que la nutrición prenatal puede influir en el neurodesarrollo infantil, pero todavía se necesitan más estudios «para definir qué niveles y qué momento de suplementación podrían tener un mayor impacto clínico».
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