Por Susana Gutiérrez
La apertura de la 30ª Feria Internacional del Libro de La Paz (FIL) no es únicamente una cifra redonda en el calendario de eventos; es un recordatorio de que la cultura no es un lujo decorativo, sino el cimiento invisible sobre el que se sostiene un país.
El Campo Ferial Chuquiago Marka no solo abrió sus puertas para albergar estantes e impresiones de tinta; abrió un portal hacia la memoria colectiva y la libertad. En un entorno global convulso y en un contexto nacional en el que -en palabras de Carlos Ostermann, presidente de la Cámara Departamental del Libro- «se pasan momentos difíciles», la literatura emerge no como un refugio de evasión, sino como una herramienta de transformación y esperanza.
Visión del Estado
Suele pensarse en el turismo como el acto de mover cuerpos a través de geografías. Sin embargo, la perspectiva presentada en esta trigésima edición amplía el horizonte: el verdadero viaje comienza en las ideas.
Así lo remarcó el ministro interino de Turismo, Fernando Aramayo, durante el acto inaugural, ofreciendo una lectura que supera la retórica convencional y coloca al libro en el centro de la construcción republicana e identitaria. «Los libros no únicamente se centran en transmitir conocimientos, sino que son vehículos de memoria, de creación de vida y de libertad. En sus páginas se preserva la experiencia de los pueblos, se debaten las grandes ideas de cada época y se forman ciudadanos capaces de comprender su realidad…».
Aramayo planteó una tesis fundamental para estos tiempos. El desarrollo tangible de una nación es estéril si no viene acompañado de un crecimiento intangible. La infraestructura conecta ciudades, pero las ideas conectan a las personas. «Las naciones no solo se construyen con infraestructura o crecimiento económico, y no solo con tecnología; también se construyen con ideas, con conocimiento y con cultura (…). Una nación que lee, piensa e innova, engrandece su identidad, fortalece su democracia y está mejor preparada para construir un futuro de libertad, desarrollo y prosperidad», aseveró la autoridad.
Del papel al territorio
Desde la óptica de la gestión cultural, esta edición de la FIL propone un puente fascinante entre la palabra escrita y el paisaje habitado. La presencia del Viceministerio de Fomento al Turismo Sostenible -con Perú como flamante País Invitado de Honor- recalca que la cultura es una frontera abierta.
En el Pabellón Rojo, la literatura dialoga directamente con la lente de jóvenes fotógrafos y realizadores audiovisuales bolivianos. No es una coincidencia, leer un país es el primer paso para querer recorrerlo. Quien descubre a Bolivia a través de sus cronistas, sus poetas o sus ensayistas, inevitablemente buscará sus huellas en las montañas, el altiplano, los valles y la Amazonía.
Apostar por el mañana: Crear el hábito del asombro
Con la meta de superar los 115.000 visitantes hasta este 9 de agosto, el verdadero triunfo de la FIL no se medirá en el volumen de ventas, sino en el impacto de sus espacios de formación, como el Pabellón Infantil.
Promover la lectura en las infancias no es un acto pasivo; es sembrar el criterio crítico de los ciudadanos que tomarán las decisiones del mañana. En un mundo saturado de respuestas rápidas creadas por algoritmos, el libro exige el acto revolucionario de detenerse, dudar, interpretar y crear.
La 30ª FIL La Paz no es solo la fiesta de los libros; es la afirmación de que Bolivia se piensa a sí misma a través de su cultura. Porque los pueblos que no leen su historia están condenados a que otros se la escriban. Fotos APG.
La entrada Leer para pensar el futuro de Bolivia se publicó primero en El Diario – Bolivia.
Por Susana Gutiérrez La apertura de la 30ª Feria Internacional del Libro de La Paz (FIL) no es únicamente una cifra redonda en el calendario de eventos; es un recordatorio de que la cultura no es un lujo decorativo, sino el cimiento invisible sobre el que se sostiene un país. El Campo Ferial Chuquiago Marka
La entrada Leer para pensar el futuro de Bolivia se publicó primero en El Diario – Bolivia.
Por Susana Gutiérrez
La apertura de la 30ª Feria Internacional del Libro de La Paz (FIL) no es únicamente una cifra redonda en el calendario de eventos; es un recordatorio de que la cultura no es un lujo decorativo, sino el cimiento invisible sobre el que se sostiene un país.
El Campo Ferial Chuquiago Marka no solo abrió sus puertas para albergar estantes e impresiones de tinta; abrió un portal hacia la memoria colectiva y la libertad. En un entorno global convulso y en un contexto nacional en el que -en palabras de Carlos Ostermann, presidente de la Cámara Departamental del Libro- «se pasan momentos difíciles», la literatura emerge no como un refugio de evasión, sino como una herramienta de transformación y esperanza.
Visión del Estado
Suele pensarse en el turismo como el acto de mover cuerpos a través de geografías. Sin embargo, la perspectiva presentada en esta trigésima edición amplía el horizonte: el verdadero viaje comienza en las ideas.
Así lo remarcó el ministro interino de Turismo, Fernando Aramayo, durante el acto inaugural, ofreciendo una lectura que supera la retórica convencional y coloca al libro en el centro de la construcción republicana e identitaria. «Los libros no únicamente se centran en transmitir conocimientos, sino que son vehículos de memoria, de creación de vida y de libertad. En sus páginas se preserva la experiencia de los pueblos, se debaten las grandes ideas de cada época y se forman ciudadanos capaces de comprender su realidad…».
Aramayo planteó una tesis fundamental para estos tiempos. El desarrollo tangible de una nación es estéril si no viene acompañado de un crecimiento intangible. La infraestructura conecta ciudades, pero las ideas conectan a las personas. «Las naciones no solo se construyen con infraestructura o crecimiento económico, y no solo con tecnología; también se construyen con ideas, con conocimiento y con cultura (…). Una nación que lee, piensa e innova, engrandece su identidad, fortalece su democracia y está mejor preparada para construir un futuro de libertad, desarrollo y prosperidad», aseveró la autoridad.
Del papel al territorio
Desde la óptica de la gestión cultural, esta edición de la FIL propone un puente fascinante entre la palabra escrita y el paisaje habitado. La presencia del Viceministerio de Fomento al Turismo Sostenible -con Perú como flamante País Invitado de Honor- recalca que la cultura es una frontera abierta.
En el Pabellón Rojo, la literatura dialoga directamente con la lente de jóvenes fotógrafos y realizadores audiovisuales bolivianos. No es una coincidencia, leer un país es el primer paso para querer recorrerlo. Quien descubre a Bolivia a través de sus cronistas, sus poetas o sus ensayistas, inevitablemente buscará sus huellas en las montañas, el altiplano, los valles y la Amazonía.
Apostar por el mañana: Crear el hábito del asombro
Con la meta de superar los 115.000 visitantes hasta este 9 de agosto, el verdadero triunfo de la FIL no se medirá en el volumen de ventas, sino en el impacto de sus espacios de formación, como el Pabellón Infantil.
Promover la lectura en las infancias no es un acto pasivo; es sembrar el criterio crítico de los ciudadanos que tomarán las decisiones del mañana. En un mundo saturado de respuestas rápidas creadas por algoritmos, el libro exige el acto revolucionario de detenerse, dudar, interpretar y crear.
La 30ª FIL La Paz no es solo la fiesta de los libros; es la afirmación de que Bolivia se piensa a sí misma a través de su cultura. Porque los pueblos que no leen su historia están condenados a que otros se la escriban. Fotos APG.
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