«No hay ninguna evidencia de que el virus se esté comportando de manera diferente a lo que se conocía sobre esta variante ni en términos de transmisibilidad ni en términos de severidad». Así lo ha señalado Andreas Hoefer, experto en Microbiología y Epidemiología Molecular del Centro Europeo para el Control de Enfermedades (ECDC por sus siglas en inglés) en una rueda de prensa para informar sobre las evoluciones del brote de hantavirus.
«No hay ninguna evidencia de que el virus se esté comportando de manera diferente a lo que se conocía sobre esta variante», señala el ECDC
«No hay ninguna evidencia de que el virus se esté comportando de manera diferente a lo que se conocía sobre esta variante ni en términos de transmisibilidad ni en términos de severidad». Así lo ha señalado Andreas Hoefer, experto en Microbiología y Epidemiología Molecular del Centro Europeo para el Control de Enfermedades (ECDC por sus siglas en inglés) en una rueda de prensa para informar sobre las evoluciones del brote de hantavirus.
Tanto Hoefer como la presidenta del organismo, Pamela Rendi-Wagner, han subrayado que desde el inicio se está trabajando con una «estrategia de precaución» para tratar de contener al máximo cualquier riesgo de expansión del brote.
En ese sentido, señaló que su recomendación es que todos los pasajeros del crucero se consideren contactos de alto riesgo y se sometan a una cuarentena hasta los próximos 22 o 23 de junio. Además, también aconsejaron que se considere el rastreo de contactos hasta dos días antes del inicio de los síntomas. «La evidencia que hemos visto es que los afectados son más infecciosos en los primeros días tras el inicio de los síntomas, aunque también hemos visto que algunos pacientes pueden dar positivo antes del inicio de estos síntomas», señaló Hoefer. «Por precaución por si se produce transmisión antes, creemos que el rastreo de contactos debe hacerse desde dos días antes del inicio de los síntomas».
Así lo recoge la actualización del protocolo de manejo de personas en seguimiento en relación con el brote de hantavirus que la Comisión de Salud Pública aprobó este martes.
El nuevo documento actualiza la definición de contacto «para extremar la vigilancia». Así, considera contacto «a cualquier persona que haya estado en el barco entre el 1 de abril y el 10 de mayo, o que haya tenido relación con un caso confirmado durante su periodo de transmisibilidad, el cual se inicia oficialmente dos días antes de la aparición de los primeros síntomas o de una PCR positiva en casos asintomáticos», señala el documento.
«Bajo ese criterio se incluye a quienes compartan habitación o baño, parejas sexuales, contactos físicos directos y pasajeros de avión situados en la misma fila o en las dos adyacentes en vuelos de larga duración de un caso confirmado por laboratorio».
El protocolo determina que solo las personas evacuadas del crucero llevarán a cabo la cuarentena obligatoria en habitaciones individuales del Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla de Madrid. Para cualquier otro contacto fuera de este grupo «se realizará una valoración individualizada», permitiendo que la cuarentena se realice en otros espacios habilitados para el aislamiento.
En todos los casos, se realice donde se realice la cuarentena, los pacientes «estarán sometidos a una vigilancia sanitaria reforzada durante los primeros 28 días, periodo considerado de mayor probabilidad para la aparición de síntomas compatibles con la enfermedad». En ese periodo se realizarán pruebas de PCR cada siete días. Además, se realizará un control de temperatura corporal dos veces al día y el seguimiento de posibles síntomas como fiebre, disnea o mialgias.
«Para favorecer el bienestar de las personas en cuarentena, el protocolo permite flexibilizar las condiciones de internamiento tras la primera semana. Si la PCR realizada el día 7 resulta negativa, las personas aisladas en el entorno hospitalario podrán recibir visitas externas utilizando el equipo de protección individual adecuado y realizar salidas supervisadas de sus habitaciones por las zonas comunes de la planta, manteniendo en todo momento el uso obligatorio de mascarilla FFP2«.
Si alguno desarrolla síntomas compatibles con la enfermedad, se considerará caso probable y se trasladará a una habitación de aislamiento con presión negativa para la realización de pruebas diagnósticas específicas. En el caso de que se confirme la infección, el protocolo estipula el ingreso del paciente en una Unidad de Aislamiento y Tratamiento de Alto Nivel (UATAN).
«El protocolo será reevaluado, como tarde, transcurridos 28 días, para adaptar las medidas a la evolución epidemiológica y al conocimiento científico disponible», concluye el texto.
Para Antoni Trilla, catedrático de Medicina Preventiva y Epidemiología, es adecuado «proceder con prudencia» y tomar estas medidas preventivas en el manejo de contactos para minimizar cualquier riesgo de infección.
«Todavía hay incertidumbre en relación a si las personas infectadas pueden transmitir hantavirus en los días previos al inicio de síntomas, así como otras áreas grises en relación con lo que sabemos sobre el virus, por lo que es aconsejable la prudencia en cualquier actuación hasta que dispongamos del conocimiento en relación con este y otros aspectos», señala, en la misma línea, Luis Buzón, portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC).
La Sociedad Internacional de Hantavirus recordó hace unos días en un comunicado cuáles son las certezas y las incertidumbres que a día de hoy existen en torno al virus.
En el texto, que firman 16 expertos de todo el mundo, los científicos subrayan que «actualmente no existe evidencia de una transmisión comunitaria eficiente» de esta variante. Su aptitud para transmitirse, indican, no es similar a la observada con virus respiratorios altamente transmisibles.
La información disponible «no sugiere un escenario de pandemia altamente transmisible», señala el texto, que subraya que «la dinámica de transmisión del virus de los Andes difiere fundamentalmente de la de virus respiratorios altamente transmisibles como el virus del sarampión, los virus de la influenza o el SARS-CoV-2».
Dicho esto, los expertos también señalan que este virus se diferencia de otros hantavirus por ser el único en el que se ha documentado transmisión de persona a persona, «generalmente en contacto cercano». En ese sentido, recuerdan que pese a que «en algunos debates públicos se ha descrito al virus ANDV como con un potencial de transmisión entre humanos mínimo o insignificante, la literatura científica disponible no respalda conclusiones tan simplificadas».
Múltiples investigaciones «han proporcionado evidencia convincente de que puede transmitirse entre individuos en condiciones específicas de contacto estrechos», indican.
Según aclaran, estas condiciones «pueden incluir la exposición en el hogar, el contacto íntimo, el cuidado de pacientes sin el equipo de protección personal adecuado y la exposición prolongada en entornos mal ventilados o concurridos».
Además, los científicos señalan en el texto que «el momento preciso de la infecciosidad aún no está completamente definido», por lo que, inciden, no puede descartarse que el virus se pueda transmitir antes de que los afectados presenten síntomas.
«Si bien es probable que los pacientes sintomáticos representen el grupo de mayor riesgo, las reconstrucciones de brotes disponibles no respaldan afirmaciones categóricas de que la transmisión solo puede ocurrir después de la aparición de síntomas claros. El potencial de transmisión durante las fases prodrómica, sintomática temprana o mínimamente sintomática debe considerarse al diseñar estrategias de rastreo de contactos, pruebas y cuarentena», advierten.
El potencial de contagio, explican, «es particularmente relevante en entornos cerrados, como un crucero, donde las personas expuestas al virus de los Andes pueden aún encontrarse dentro del período de incubación. Por lo tanto, un resultado negativo de PCR poco después de la exposición no debe interpretarse como una exclusión de una infección posterior».
En el texto de la Sociedad Internacional de Hantavirus, los científicos también señalan que «las estrategias de diagnóstico deben tener en cuenta el tiempo de incubación, el inicio de los síntomas, la toma de muestras seriadas cuando sea apropiado y la necesidad de un seguimiento clínico continuo de los contactos cercanos». En ese sentido, añaden, «las pruebas de IgM o IgG en los contactos cercanos pueden proporcionar información adicional sobre las personas con PCR negativa para identificar dichos casos».
Coincide también con su punto de vista José Antonio López Guerrero, director del laboratorio de Neurovirología y nuevos antivirales frente a virus humanos del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBMSO) y catedrático de microbiología de la Universidad Autónoma de Madrid, quien subraya que dada la necesidad de prudencia, ·estaría bien que además de PCR se realizaran pruebas serológicas para detectar también en sangre y a través de la respuesta inmune la posible exposición al virus. La serología puede dar la cara antes de tener sintomatología. Es una prueba complementaria que no es prohibitiva económicamente y podría aportar más información», explica.
La variante Andes, señala el documento, se asocia con «altas tasas de letalidad», que oscilan entre el 20% y el 40%. De cualquier manera, aclaran, «estas estimaciones dependen en gran medida del contexto y pueden variar según el entorno del brote, la intensidad de la vigilancia y el manejo clínico».
Tal y como explican, el número total de infecciones anuales por el virus de los Andes sigue siendo relativamente bajo. Según informes recientes de vigilancia nacional, Argentina reportó 86 casos confirmados de hantavirus en 2025, incluyendo 28 fallecimientos, mientras que Chile reportó 35 casos confirmados, incluyendo 7 fallecimientos.
Pero «la baja incidencia de una enfermedad no implica la ausencia de potencial de transmisión», advierten.
Estas cifras relativamente limitadas reflejan en gran medida la baja frecuencia de contagios por transmisión desde reservorios naturales de roedores infectados. «No deben interpretarse como indicativas de un potencial de transmisión ausente o insignificante una vez que se ha producido la infección en humanos».
Investigaciones de brotes en Argentina y Chile, remarcan, muestran que la transmisión del virus de los Andes puede ocurrir durante el contacto interpersonal cercano y/o prolongado.
«En el brote de Epuyén de 2018-2019, 34 casos confirmados se vincularon a un caso índice, con una transmisión aparentemente amplificada por individuos sintomáticos que asistieron a eventos sociales concurridos, seguidos de transmisiones posteriores por contacto cercano«, apuntan
En este brote, explican, el análisis epidemiológico estimó un número reproductivo medio inicial de aproximadamente 2,1 antes de la implementación de las medidas de control, «que disminuyó después del aislamiento, la cuarentena y el rastreo activo de contactos».
En cualquier caso, insisten, los datos disponibles «no sugieren una transmisión eficiente a través del contacto casual en la comunidad».
«Con base en la evidencia actual, las respuestas de salud pública deben centrarse en el rastreo de contactos, el monitoreo y las medidas de aislamiento dirigidas, en lugar de restricciones de viaje generalizadas. Las medidas de salud pública deben centrarse principalmente en la identificación y el monitoreo de contactos cercanos, la realización de pruebas oportunas, el aislamiento adecuado de los casos sospechosos o confirmados y la atención clínica inmediata».
Una mayor caracterización genómica, la reconstrucción epidemiológica y el rastreo de contactos serán esenciales para esclarecer la dinámica de transmisión del brote actual vinculado al crucero «Hondius».
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