Las olas de calor son condiciones meteorológicas extremas que se producen cuando se registran temperaturas muy altas durante varios días consecutivos, a menudo asociadas a altos niveles de humedad, ausencia de viento y radiación solar intensa.
Con unas temperaturas más elevadas de lo habitual para la época del año, recogemos algunos consejos para proteger la salud, sobre todo de las personas con mayor riesgo
Las olas de calor son condiciones meteorológicas extremas que se producen cuando se registran temperaturas muy altas durante varios días consecutivos, a menudo asociadas a altos niveles de humedad, ausencia de viento y radiación solar intensa.
Está demostrado que el calor extremo puede representar un riesgo para la salud, especialmente de las personas más vulnerables que tienen una capacidad limitada de termorregulación fisiológica o no son capaces de poner en práctica comportamientos de protección.
Por regla general, el cuerpo se enfría sudando, pero en determinadas condiciones físicas y ambientales no es suficiente. Por ejemplo, si la humedad es muy elevada, el sudor no se evapora rápidamente y el calor corporal no se elimina de forma eficaz, por lo que la temperatura del cuerpo aumenta rápidamente y pueden dañarse varios órganos vitales y el propio cerebro.
La exposición prolongada a temperaturas elevadas puede provocar trastornos leves, como calambres y edemas, o más graves como golpe de calor, deshidratación o congestión. Además, condiciones de calor extremo pueden causar un agravamiento de las condiciones de salud de personas que sufren enfermedades crónicas preexistentes.
Pero ¿cómo se puede saber si se tiene fiebre o si el aumento temporal de la temperatura corporal se debe al calor excesivo, es decir, se trata de hipertermia? En este último caso, la temperatura corporal disminuye después de estar al menos media hora en un lugar refrescado.
- Nivel 0 (verde): condiciones meteorológicas que no implican riesgos para la salud de la población
- Nivel 1 (amarillo): prealerta. Condiciones meteorológicas que pueden preceder a una ola de calor
- Nivel 2 (naranja): temperaturas elevadas y condiciones meteorológicas que pueden tener efectos negativos sobre la salud de la población, en particular en los subgrupos susceptibles
- Nivel 3 (rojo): ola de calor. Condiciones de alto riesgo que persisten durante 3 o más días consecutivos
- personas mayores;
- bebés y niños pequeños;
- mujeres embarazadas;
- personas con enfermedades crónicas, en particular: pulmonares, cardiovasculares, diabetes, neurológicas como Parkinson y Alzheimer;
- personas no autosuficientes;
- quienes sufren trastornos psíquicos graves;
- personas, incluso jóvenes, que hacen ejercicio físico o realizan trabajos intensos al aire libre;
- quienes consumen alcohol y drogas;
Los expertos recomiendan algunas medidas que pueden ayudar a reducir los efectos negativos de las olas de calor. No salir en las horas más calurosas del día entre las 11 y las 18 y evitar en esas horas la actividad física al aire libre.
Cuando se salga, llevar ropa clara, ligera, de fibras naturales (como algodón y lino), proteger la cabeza con un sombrero de color claro y proteger los ojos con gafas de sol con filtros UV.
Si es posible, permanecer incluso solo unas horas al día en lugares climatizados para reducir la exposición a las altas temperaturas. Pasar las horas más calurosas del día en la habitación más fresca de la casa, refrescándose con agua con frecuencia.
Asegurar una adecuada renovación del aire: la ventilación natural (preferiblemente por la noche, cuando las temperaturas son más bajas) permite una mejor renovación del aire que la ventilación mecánica.
Si se utiliza aire acondicionado, debe evitarse ajustar la temperatura a niveles demasiado bajos respecto a la exterior. Mejor entre 24 y 26 grados centígrados. El ventilador nunca debe dirigirse directamente hacia las personas; si en la vivienda se superan los 32 °C se desaconseja (no es eficaz).
Para contrarrestar los efectos del calor, beber mucha agua y otros líquidos (por ejemplo, leche o zumos), moderando la ingesta de bebidas gaseosas o azucaradas, té y café y evitando bebidas demasiado frías y bebidas alcohólicas. Las personas mayores deben beber incluso si no sienten sed.
Las comidas pesadas aumentan la producción de calor en el cuerpo, por lo que se debe seguir una alimentación ligera, prefiriendo la pasta y el pescado y evitando alimentos elaborados y picantes; consumir mucha verdura y fruta fresca.
Atención a la correcta conservación de alimentos perecederos (por ejemplo, lácteos, carne), ya que las altas temperaturas pueden favorecer la proliferación de gérmenes patógenos, causa de trastornos gastrointestinales.
Si se toman medicamentos, no suspender por iniciativa propia tratamientos en curso, sino consultar al médico de cabecera para posibles ajustes de la terapia. Conservar los medicamentos correctamente, lejos de fuentes de calor y de la radiación solar directa.
A las personas que viven solas, especialmente mayores, se les recomienda tener a mano los números a los que llamar en caso de malestar (médico, guardia médica). Está activo el número gratuito de utilidad pública 112.
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