El incremento crítico de patologías transmitidas por vectores en el oriente boliviano no es un fenómeno fortuito, sino la consecuencia directa de una ruptura del equilibrio biótico provocada por la intervención humana.
El médico e investigador, Roger Carvajal, señaló que la causa principal de la actual crisis sanitaria es la afectación de los ecosistemas, un hecho que amerita análisis profundos y una revisión urgente de las políticas de manejo ambiental.
Según el especialista, la proliferación de mosquitos y sus larvas en zonas periurbanas, acequias y “curichales” se mantenía históricamente bajo control gracias a “controladores biológicos” como son los sapos, ranas, lagartos y peces que habitan los cuerpos de agua y eliminan más del 90% de las larvas.
Sin embargo, este ciclo natural se ha quebrado debido al modelo de monocultivo extensivo que impera en Santa Cruz, el cual demanda el uso masivo de pesticidas y herbicidas. Estos químicos, como el glifosato, son arrastrados por las lluvias hasta los manantiales, resultando letales para las especies que regulan la población de insectos.
Carvajal recordó que Bolivia ya sufrió las consecuencias de alterar la cadena trófica. En la década de los años 60, los incendios en el Beni eliminaron a gatos de monte y serpientes, permitiendo que las ratas se multiplicaran sin control y transmitieran la fiebre hemorrágica boliviana.
“Ningún animal tiene el papel de plaga por sí mismo; es el ser humano quien fabrica las plagas al desequilibrar el entorno”, aseveró, subrayando que un solo murciélago puede consumir más de 600 mosquitos en una noche, pero estos son eliminados frecuentemente por desconocimiento ciudadano.
La validez de este diagnóstico se refleja en la comparativa regional, ya que mientras Santa Cruz bordea los 4.000 casos de chikungunya, zonas tropicales como Caranavi mantienen niveles mínimos. Esto se debe a que en esta zona tropical paceña la topografía y los cultivos, como el café, conservan un mayor equilibrio natural, sin la dependencia extrema de agroquímicos ni la expansión desmedida de la frontera agrícola que caracteriza al llano.
Ante la peligrosidad de cuadros clínicos que combinan virus como chikungunya con influenza o dengue, el investigador instó a la población a implementar un “control ecológico” desde el hogar.
Recomendó enfáticamente evitar la retención de agua en macetas y jardines, sugiriendo el riego por goteo para asegurar que la tierra absorba el líquido sin generar depósitos para larvas.
Carvajal alertó que la fumigación intensiva tiene efectos tóxicos colaterales y no es la solución definitiva. Exhortó a la sociedad a empoderarse con conocimiento científico para comprender que la proliferación de mosquitos es una consecuencia de la acción humana sobre el medioambiente y que solo preservando el ecosistema se podrá frenar el avance de estas epidemias de manera sostenible.

La entrada Ruptura del equilibrio biótico aumenta enfermedades transmitidas por vectores se publicó primero en El Diario – Bolivia.
El incremento crítico de patologías transmitidas por vectores en el oriente boliviano no es un fenómeno fortuito, sino la consecuencia directa de una ruptura del equilibrio biótico provocada por la intervención humana. El médico e investigador, Roger Carvajal, señaló que la causa principal de la actual crisis sanitaria es la afectación de los ecosistemas, un
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El incremento crítico de patologías transmitidas por vectores en el oriente boliviano no es un fenómeno fortuito, sino la consecuencia directa de una ruptura del equilibrio biótico provocada por la intervención humana.
El médico e investigador, Roger Carvajal, señaló que la causa principal de la actual crisis sanitaria es la afectación de los ecosistemas, un hecho que amerita análisis profundos y una revisión urgente de las políticas de manejo ambiental.
Según el especialista, la proliferación de mosquitos y sus larvas en zonas periurbanas, acequias y “curichales” se mantenía históricamente bajo control gracias a “controladores biológicos” como son los sapos, ranas, lagartos y peces que habitan los cuerpos de agua y eliminan más del 90% de las larvas.
Sin embargo, este ciclo natural se ha quebrado debido al modelo de monocultivo extensivo que impera en Santa Cruz, el cual demanda el uso masivo de pesticidas y herbicidas. Estos químicos, como el glifosato, son arrastrados por las lluvias hasta los manantiales, resultando letales para las especies que regulan la población de insectos.
Carvajal recordó que Bolivia ya sufrió las consecuencias de alterar la cadena trófica. En la década de los años 60, los incendios en el Beni eliminaron a gatos de monte y serpientes, permitiendo que las ratas se multiplicaran sin control y transmitieran la fiebre hemorrágica boliviana.
“Ningún animal tiene el papel de plaga por sí mismo; es el ser humano quien fabrica las plagas al desequilibrar el entorno”, aseveró, subrayando que un solo murciélago puede consumir más de 600 mosquitos en una noche, pero estos son eliminados frecuentemente por desconocimiento ciudadano.
La validez de este diagnóstico se refleja en la comparativa regional, ya que mientras Santa Cruz bordea los 4.000 casos de chikungunya, zonas tropicales como Caranavi mantienen niveles mínimos. Esto se debe a que en esta zona tropical paceña la topografía y los cultivos, como el café, conservan un mayor equilibrio natural, sin la dependencia extrema de agroquímicos ni la expansión desmedida de la frontera agrícola que caracteriza al llano.
Ante la peligrosidad de cuadros clínicos que combinan virus como chikungunya con influenza o dengue, el investigador instó a la población a implementar un “control ecológico” desde el hogar.
Recomendó enfáticamente evitar la retención de agua en macetas y jardines, sugiriendo el riego por goteo para asegurar que la tierra absorba el líquido sin generar depósitos para larvas.
Carvajal alertó que la fumigación intensiva tiene efectos tóxicos colaterales y no es la solución definitiva. Exhortó a la sociedad a empoderarse con conocimiento científico para comprender que la proliferación de mosquitos es una consecuencia de la acción humana sobre el medioambiente y que solo preservando el ecosistema se podrá frenar el avance de estas epidemias de manera sostenible.

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