Suben las temperaturas, hacemos el cambio de armario, aumenta la venta de chanclas y protectores solares… y quien puede se escapa a la playa o a la piscina. Y quien no puede hacer frente a las altas temperaturas dándose un chapuzón, enciende el aire acondicionado.
El uso incorrecto y la falta de mantenimiento de esos aparatos pueden provocar problemas respiratorios y congestión o dolores musculares. Es importante evitar saltos térmicos y las corrientes directas de aire
Suben las temperaturas, hacemos el cambio de armario, aumenta la venta de chanclas y protectores solares… y quien puede se escapa a la playa o a la piscina. Y quien no puede hacer frente a las altas temperaturas dándose un chapuzón, enciende el aire acondicionado.
Pero a menudo surge la duda de si estos aparatos pueden provocar enfermedades o algún tipo de problemas respiratorios, y es que tres de cada 10 personas que tienen aparatos de aire en su hogar reconocen que se les tapona la nariz cuando lo encienden.
En realidad lo que puede provocarnos infecciones respiratorias es un mal uso de los aparatos de aire acondicionado, sobre todo si tenemos problemas respiratorios previos como asma o EPOC.
Por un mal uso entendemos cosas como programarlo a una temperatura demasiado baja, no dirigir adecuadamente la corriente de aire que emiten o no mantener en buen estado los filtros del aparato.
Desde cuadros leves de irritación, sequedad o inflamación de las vías respiratorias hasta legionela, pasando por rinitis, bronquitis, faringitis, afonía, contracturas musculares…
En los filtros del aparato podemos encontrar hongos como el Aspergillus o bacterias como la Legionella pneumophila, pero también esporas de mohos, alérgenos como el polen o la caspa de mascotas, o contaminantes ambientales procedentes de la combustión. Si no realizamos el mantenimiento necesario y los filtros están llenos de todas estas partículas, los ventiladores tendrán que trabajar a más velocidad y acabarán pasando al aire que respiramos.
Para conseguir el máximo confort y evitar problemas de salud, la temperatura del aire debería oscilar entre los 24 y los 26ºC y evitar siempre los saltos térmicos. Para ello podemos seguir la regla de los 12, que consiste en que la diferencia entre la temperatura exterior y la interior nunca debe superar los 12ºC. Si en la calle hay 38ºC, en el interior de la oficina, de la tienda o de tu hogar nunca deberíamos fijar el aire por debajo de los 26ºC.
También es importante mantener una humedad ambiental superior al 35%. Esto evitará que las vías respiratorias se resequen en exceso, por lo que podemos valorar el uso de un humidificador.
Puede resultar muy tentador colocarse justo debajo del chorro de aire que emiten los aparatos de aire acondicionado, especialmente cuando hace mucho calor, pero no es para nada recomendable ya que puede generar dolores y contracturas musculares.
El chorro de aire nunca debe incidir directamente sobre las personas. Debemos tener en cuenta que el aire frío es más pesado y denso que el aire caliente, por lo que siempre tenderá a bajar. Por ello colocaremos las lamas del aparato apuntando hacia el techo, logrando una distribución uniforme del aire fresco por toda la estancia.
Los bebés, ancianos y personas dependientes son las más vulnerables al calor, pero también lo son a los cambios bruscos de temperatura ya que les cuesta más adaptarse. Encenderemos el aire acondicionado para evitar exponerlos a altas temperaturas, pero vigilando que no estén bajo la corriente de aire y la temperatura a la que lo fijamos.
Salud
