La obesidad se escribe en nuestro ADN y predice, como una profecía genética, el tipo de cuerpo que tendremos. Hace unas décadas era más fácil rebelarse contra ese destino. Luchar contra nuestra programación genética y mantener a raya los kilos de más. Pero en un mundo obesogénico, rodeados de productos alimentarios baratos, adictivos y ubicuos, es cada vez más difícil. Una serie de recientes artículos científicos ha reforzado esta idea, que se impone en tiempos de Ozempic y viene a difuminar la idea de la obesidad como una cuestión de elección o fuerza de voluntad.
Más de 3.000 variantes determinan la predisposición a engordar. Una profecía genética que en los últimos años se ha reforzado por cuestiones ambientales
La obesidad se escribe en nuestro ADN y predice, como una profecía genética, el tipo de cuerpo que tendremos. Hace unas décadas era más fácil rebelarse contra ese destino. Luchar contra nuestra programación genética y mantener a raya los kilos de más. Pero en un mundo obesogénico, rodeados de productos alimentarios baratos, adictivos y ubicuos, es cada vez más difícil. Una serie de recientes artículos científicos ha reforzado esta idea, que se impone en tiempos de Ozempic y viene a difuminar la idea de la obesidad como una cuestión de elección o fuerza de voluntad.
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