<p>El estigma menstrual sigue influyendo en el bienestar, la participación y las relaciones cotidianas de la mujer. Pero la forma en que se vive la menstruación no depende únicamente de los síntomas físicos, sino también del contexto social en el que se desarrolla. Así, un estudio liderado por el <a href=»https://www.ingenio.upv.es/»>Instituto INGENIO, centro mixto de la Universitat Politècnica de València (UPV)</a> y el <a href=»https://www.csic.es/en»>Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)</a>, revela que solo una de cada seis españolas consigue mantener sus actividades diarias y habituales «sin cambios» durante la menstruación. </p>
¿Cómo afecta la menstruación a las mujeres españolas? Un nuevo estudio de la UPV y el CSIC da las claves. «Parece influir mucho el contexto social e institucional en el que se vive esta etapa del ciclo de la mujer»
El estigma menstrual sigue influyendo en el bienestar, la participación y las relaciones cotidianas de la mujer. Pero la forma en que se vive la menstruación no depende únicamente de los síntomas físicos, sino también del contexto social en el que se desarrolla. Así, un estudio liderado por el Instituto INGENIO, centro mixto de la Universitat Politècnica de València (UPV) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), revela que solo una de cada seis españolas consigue mantener sus actividades diarias y habituales «sin cambios» durante la menstruación.
El estudio, publicado en BMC Women’s Health, muestra que solo el 15,4% de las participantes afirma mantener su rutina sin cambios durante esos días, mientras que muchas adaptan su comportamiento debido al dolor, a sangrados abundantes o para evitar posibles situaciones de incomodidad o exposición. En el trabajo ha participado Dani Barrington, de laUniversity of Western Australia y experta internacional en salud menstrual, y ha contado con financiación del proyecto RI-SABIO, financiado por la Generalitat Valenciana, que se centra en modelos de gestión para la investigación e innovación Responsable en las estructuras de Investigación sanitaria y biomédica.
Según Santiago Moll López, del Departamento de Matemática Aplicada de la UPV y coautor del estudio, este «se realizó mediante una encuesta online dirigida a personas de 14 años o más residentes o nacidas en España —únicos criterios de inclusión—. Tanto hombres como mujeres podían participar, siendo las preguntas diferentes según se menstruara, se hubiera menstruado, o se fuera o no a menstruar en el futuro». La muestra se reclutó durante nueve meses (mayo de 2021-enero de 2022) mediante muestreo por conveniencia y bola de nieve, difundiendo el cuestionario a través de redes sociales (WhatsApp, Instagram, Facebook, Twitter) y contactos estratégicos para mejorar la representación territorial y por edad. «El cuestionario, de 43 preguntas, combinó preguntas cuantitativas y cualitativas y fue administrado online y con consentimiento informado», expone Moll.
Gracias a este trabajo, se ha comprobado que solo el 15,4% de las participantes no se ven condicionadas por la menstruación en las actividades habituales. Aunque los investigadores eran conscientes de que la menstruación condiciona con frecuencia la vida cotidiana -y precisamente por eso quisieron estudiarlo-, ver que solo el porcentaje citado declara no modificar nada de su rutina «resulta llamativo» y «un dato muy ilustrativo de hasta qué punto este impacto sigue normalizado», destaca Sara Sánchez-López, investigadora del Instituto INGENIO (UPV-CSIC).
Por su parte, Moll López incide en que el estudio no identifica un perfil sociodemográfico cerrado de ese 15,4%, por lo que no sería riguroso atribuirle una edad, nivel educativo o condición concreta. Lo que sí muestran los resultados, «es que las experiencias más positivas se asocian a entornos comprensivos y flexibles, donde hablar de menstruación no genera incomodidad y se reconocen las necesidades físicas y emocionales vinculadas al ciclo». Por tanto, más que un rasgo individual, «parece influir mucho el contexto social e institucional en el que se vive la menstruación». Por ello, el equipo del estudio señala que contar con entornos comprensivos y flexibles -en el trabajo, la escuela o la familia- contribuye a reducir el impacto del estigma y facilita una mayor participación y bienestar.
La investigación indica que una de las principales razones de ausencias y adaptaciones es el malestar menstrual físico (41% en el caso de las ausencias), pero estas decisiones no responden únicamente al malestar. Factores como la ansiedad ante posibles manchas, la falta de espacios adecuados o el temor a reacciones negativas del entorno reflejan la persistencia de normas sociales que sostienen que la menstruación debe gestionarse con discreción y en silencio.
En la práctica, entre las estrategias más frecuentes para «minimizar» el impacto, se encuentran evitar prendas blancas (49%), no emplear ciertos tipos de ropa, como ropa ajustada o prendas en las que puedan notarse manchas o el producto menstrual (37%), limitar actividades como nadar o acudir a la playa (25%) o reducir la práctica deportiva (22 %). En términos generales, asevera Moll López, los resultados son coherentes con la literatura previa y con lo que ya sabíamos sobre estigma menstrual. «Lo más llamativo no es tanto que exista impacto, sino su magnitud y el hecho de que no dependa solo de los síntomas, sino también del miedo, la vergüenza, la necesidad de ocultación y las barreras del entorno. No diríamos que falte una motivación principal, sino que el estudio muestra precisamente esa combinación entre malestar físico y presión social», destaca.
En el ámbito educativo y laboral, muchas participantes describen haber acudido a clase o al trabajo pese a experimentar dolor intenso, náuseas o fatiga (44 %), mientras que otras señalan haber faltado en alguna ocasión por síntomas menstruales (41%). Los testimonios recogidos muestran que, incluso ante síntomas incapacitantes, algunas personas continúan asistiendo por miedo a perder el empleo o a ser percibidas como menos comprometidas. «A menudo, el malestar menstrual no se reconoce como una necesidad legítima de apoyo, sino como algo que puede restar credibilidad. En un contexto donde la menstruación se ha usado para excluir a las mujeres de ciertos roles, mostrar vulnerabilidad puede percibirse como un riesgo colectivo», apunta Sánchez-López.
El estudio recoge numerosos testimonios de burla y situaciones de humillación relacionadas con la menstruación que las participantes sitúan tanto en la adolescencia como en la vida adulta. Mientras que en etapas tempranas estas experiencias suelen manifestarse en forma de comentarios o ridiculización por parte de compañeros de clase o amigos, en la edad adulta se expresan con mayor frecuencia como rechazo o actitudes condescendientes en el entorno cercano, como en parejas o entre compañeros de trabajo, señala Rocío Poveda Bautista, investigadora también de INGENIO y coautora del estudio.
Los resultados de este estudio subrayan que la menstruación sigue siendo un factor relevante para la salud, la participación social y la equidad, y apuntan a la necesidad de avanzar hacia entornos educativos, laborales y sanitarios más informados y sensibles a esta realidad. A modo de ejemplo, refleja Sánchez-López, la primera recomendación es incorporar la educación menstrual en el currículo escolar. «Los datos muestran que contar con información adecuada desde la menarquía reduce emociones negativas como la vergüenza o el miedo y se asocia con una mayor normalización en la edad adulta. Además, abordarlo en toda el aula contribuye a reducir el estigma, las burlas y los estereotipos». En el ámbito sanitario, sentencia, «es clave aplicar una perspectiva de género para evitar la infravaloración del dolor en las mujeres y cerrar la brecha existente en salud. Además, urge impulsar la investigación e integrar la menstruación como variable en el diagnóstico y tratamiento clínico«.
Salud
