La investigación biomédica aporta el conocimiento para la prevención, el diagnóstico precoz, la estratificación pronóstica y el tratamiento de procesos patológicos, pero su impacto trasciende al propio paciente. «Apostar por la investigación es una inversión en el futuro de la sociedad», señala Begoña Benito, directora del Vall d’Hebron Instituto de Investigación (VHIR).
Desde el IMIBIC, la Fundación Jiménez Díaz y Vall d’Hebron, un grupo de investigadores analiza el impacto de los ensayos clínicos en España y la transformación de la calidad asistencial
La investigación biomédica aporta el conocimiento para la prevención, el diagnóstico precoz, la estratificación pronóstica y el tratamiento de procesos patológicos, pero su impacto trasciende al propio paciente. «Apostar por la investigación es una inversión en el futuro de la sociedad», señala Begoña Benito, directora del Vall d’Hebron Instituto de Investigación (VHIR).
En particular, los ensayos clínicos (EECC) desempeñan un papel clave en este proceso, al facilitar y acelerar el acceso a nuevas opciones terapéuticas, siempre bajo estrictos estándares de calidad y seguridad, explica Begoña Benito. «Con ello, no solo impulsan la mejora continua y el avance de la medicina, sino que, por encima de todo, ofrecen alternativas que pueden superar a las existentes, ampliando las oportunidades de tratamiento para los pacientes».
En una línea similar se pronuncia Álvaro Granados del Río, gerente del Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (IMIBIC), quien indica que un instituto de investigación biomédica forma parte del sistema sanitario y tiene una misión clara: hacer llegar a dicho sistema y a sus pacientes el resultado de las investigaciones que lleva a cabo, «constituyendo, por tanto, un polo de atracción y desarrollo de innovación».
Como directora de un centro de investigación en salud, Begoña Benito quiere destacar también los beneficios de los ensayos clínicos para los pacientes en el sentido de que ofrecen con frecuencia acceso a nuevos tratamientos, «lo cual es especialmente relevante en las enfermedades con opciones terapéuticas limitadas«, apunta. «Los pacientes a menudo prefieren ser atendidos por equipos que trabajan con los tratamientos más vanguardistas, aun en fase de investigación, y que están comprometidos y actualizados con la búsqueda de soluciones para su problema de salud».
Los ensayos clínicos aportan, añade Benito, un valor añadido a los investigadores, especialmente si estos contribuyen al diseño de los estudios, tanto académicos como promovidos por la industria farmacéutica, o participan en los comités de asesoramiento o decisión. «Los EECC contribuyen a la actualización continuada y la incentivación de los investigadores, y a su posicionamiento como líderes de referencia en sus áreas de especialización».
Para la institución en general, la actividad de ensayos clínicos constituye un potente motor de atracción, tanto para pacientes que buscan acceso a los últimos avances como para talento científico comprometido con la innovación, apunta la directora del Vall d’Hebron Instituto de Investigación. «Además, los EECC contribuyen al posicionamiento de la institución en los circuitos internacionales en los que se definen estándares, agendas y guías científicas, reforzando su papel como actor estratégico en el desarrollo y la implementación del conocimiento, y no solo como ejecutor».
Las dinámicas de calidad asistencial que se derivan de la realización de estudios clínicos son un aspecto fundamental, recalca Álvaro Granados del Río. «Esto se lleva poniendo de manifiesto desde hace años; existe literatura científica de sobra que argumenta que aquellos servicios hospitalarios que hacen investigación son más eficientes. Creo que este debería ser el factor diferencial por el que los centros asistenciales apuesten por un modelo que favorezca la investigación clínica. El sistema debe ser eficiente y sostenible, y la investigación clínica, desde luego, puede reforzar ambos aspectos».
Es importante señalar también que la investigación clínica cuenta con un alto nivel de regulación que persigue la seguridad del paciente en todo momento. Para ello, se requieren equipos de investigación, circuitos asistenciales e infraestructuras sanitarias adecuadas. «Hoy en día no es posible empezar a realizar estudios clínicos de la noche a la mañana. Para hacerlo bien, se requiere una estrategia, formación a los profesionales, diseño de circuitos y adaptación de las instalaciones», precisa Álvaro Granados del Río.
En el caso del instituto que dirige Begoña Benito, por ejemplo, la larga trayectoria y la intensa actividad en ensayos clínicos han contribuido de forma decisiva a proyectar el Campus Vall d’Hebron a nivel nacional e internacional, consolidándolo como centro de referencia europeo en este ámbito. «En este camino ha sido fundamental el acceso a un amplio volumen de pacientes (de todos los ámbitos de la salud y en cualquier etapa de la vida), la excelencia de unos profesionales clínicos referentes y la profesionalización de la gestión».
Todo ello se ha acompañado de un progresivo reconocimiento del Campus, tanto a nivel local como europeo, que se traduce en una creciente capacidad de influencia en las políticas de investigación en salud, en la identificación de prioridades estratégicas y en el impulso de modelos efectivos de colaboración público-privada.
Álvaro Granados destaca también el posicionamiento que otorga al centro la realización de una buena investigación clínica. «Esto favorece la atracción y retención de talento, una mejor imagen social, etcétera. Además, y por qué no indicarlo, en aras de la sostenibilidad, la colaboración público-privada resulta fundamental. Estamos obligados a sentarnos en la misma mesa que nuestros stakeholders, y la industria farmacéutica es uno de ellos. La atracción de la innovación que aportan los ensayos clínicos debe estar en ese diálogo».
En lo que a la dirección de una institución de estas características se refiere, Benito señala la posibilidad de ejercer un liderazgo con impacto sistémico, trabajando para conectar ciencia, hospital, administración pública, industria y sociedad: «una visión estratégica integral del ecosistema de innovación biomédica, lo que facilita la toma de decisiones alineadas con las prioridades asistenciales y científicas».
El desarrollo de capacidades de negociación y gestión de alianzas complejas, especialmente en entornos de colaboración público-privada, y «el refuerzo del propósito profesional y la oportunidad de hacer tangible la misión vocacional del VHIR, al comprobar el impacto real de la investigación en la vida de los pacientes» son otros valores destacados por la directora del Vall d’Hebron Instituto de Investigación.
En cuanto a los retos, destaca priorizar adecuadamente, equilibrar excelencia científica y sostenibilidad, gestionar expectativas crecientes, asegurar el alineamiento institucional y competir en un entorno internacional donde el talento, la velocidad y la capacidad de colaboración son determinantes.
Álvaro Granados señala como «una realidad ya sabida por todos la baja inversión pública en investigación, y a corto plazo no le veo solución». Sin embargo, advierte de que nos enfrentamos en los próximos años al mayor reto al que hayamos tenido que hacer frente hasta ahora, que es el del relevo generacional.
«Los sistemas de salud deben ser capaces de conferir a la investigación e innovación el valor que se merece, e incluirlas convenientemente en la evaluación del desempeño y en las políticas de acceso al sistema sanitario para sus profesionales. Si no, los profesionales más jóvenes se centrarán en aquello que se les demanda con más ahínco (listas de espera, pruebas funcionales, prescripción de genéricos, etcétera) como única vía de hacer más eficiente al sistema. Pero no es así. Hay que tener miras a largo plazo, aunque políticamente sabemos que es complejo».
A la vez, destaca la necesidad de que los institutos de investigación sean capaces de traducir su actividad a un lenguaje en el que «el valor que aportamos al sistema y el impacto que generamos en nuestro entorno sean las principales reglas de medida».
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